Os queremos enseñar lo que hemos aprendido y observado durante muchos años en la naturaleza, y lo estamos aplicando a los suelos.
A veces, se aprende mucho más observando a la Naturaleza que estudiando durante años.
Ella ya tiene a sus propios jardineros y agricultores: sin intervención humana, mantiene el equilibrio y la fertilidad del suelo.
En los bosques maduros, el suelo se sostiene gracias a la materia orgánica que se genera de forma natural. Hojas, ramas, troncos caídos, restos de animales y millones de microorganismos trabajan juntos en un ciclo constante que permite que la vida continúe.
La Naturaleza se nutre reciclando lo que ya ha cumplido su ciclo. Y nosotros, si queremos un jardín o huerto más sano, podemos aprender de ella. Basta con devolverle al suelo lo que viene de él: materia orgánica vegetal, como hojas y ramas secas de nuestras propias plantas.
Si queremos acelerar este proceso, podemos triturar esos restos antes de incorporarlos al suelo o hacer compost en un espacio específico. Al imitar el ciclo natural del bosque, conseguimos plantas más sanas, fuertes y resistentes.
¿Por qué está todo tan bien en los suelos del bosque?
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que, en la naturaleza, los árboles y plantas actúan como una familia. Esto significa que los ejemplares adultos se encargan de dar a los jóvenes todo lo necesario para que puedan crecer y desarrollarse. Se comunican entre sí a través del aire y de las raíces.
Gracias a esta relación familiar, todo el ecosistema del bosque goza de muy buena salud. Una de las razones principales es la gran cantidad de materia orgánica que hay en el suelo, creada por las propias plantas con la ayuda de una gran variedad de microorganismos: bacterias, hongos, algas, protozoos, nemátodos, ácaros, levaduras, ciempiés, entre otros.
Algo muy interesante es que la mayor parte del alimento está concentrada en la zona central del bosque, lo que permite que todos los seres vivos puedan beneficiarse de ella. Además, los árboles permiten que otras especies crezcan bajo sus copas, actuando como padres adoptivos.
Con sus ramas y hojas, los árboles generan sombra que ayuda a que la temperatura no suba demasiado en comparación con las zonas exteriores. Esto protege a los microorganismos que descomponen la materia orgánica, permitiendo que especies como la encina puedan absorber los nutrientes por sus raíces. La sombra también contribuye a mantener una humedad constante, esencial para que estos pequeños organismos puedan vivir y trabajar.
Con el termómetro hemos realizado una prueba para que podáis ver la diferencia que hay unos centímetros debajo del suelo, sobre él y en la zona de fuera de las Encinas.
La 1ª foto es la temperatura del suelo que es de 18º donde esta la mayor parte de la materia orgánica, que es la zona del interior de la Encina. Medir la temperatura del suelo es muy importante ya que los arboles y las plantas se guían mucho más por la del suelo, a parte de las horas de luz.
La 2ª foto es la temperatura interior que es de 25º.
La 3ª Foto es la temperatura de la zona exterior que es de 30º. Esto es otra prueba de lo importante que son los arboles en las ciudades, en el jardín y el campo, para reducir la temperatura, a parte de la limpieza que hacen del aire, aguas, etc.
La altura del Mulching (Acolchado) que hay es de 10 a 12 centímetros, esto es lo que siempre se ha recomendado, y la propia Naturaleza nos lo acaba de confirmar.
También hay que tener en cuenta que, en la mayoría de los suelos que están fuera del bosque, tienen muy poca vida o casi ninguna. Esto se debe, en gran parte, a la falta de materia orgánica, de hierbas espontáneas, al uso excesivo de abonos químicos y a los tratamientos con productos químicos contra las plagas. Estas prácticas alteran el equilibrio del suelo y el ecosistema, eliminando muchos de los microorganismos que lo mantienen vivo y sano.
Como consecuencia, las plantas se quedan desprotegidas y se vuelven más vulnerables a los ataques de plagas y carencias. Es importante saber que las plagas rara vez se ensañan en plantas o árboles sanos. Cuando una planta está bien, cuenta con aliados naturales como: insectos beneficiosos, microorganismos que se alimentan de los patógenos.. Además, tiene suficiente energía para producir sustancias que repelen a los depredadores o, si es necesario, incluso toxinas que pueden llegar a matarlos si insisten en atacar.
En la foto podemos apreciar un Ciempies intentando enterrarse después de ver nuestra presencia.
De todas las muestras que hemos sacado y analizado hasta el día de hoy, es la que hemos visto con todo su microbiota completa. Después de un tiempo de haber aportado la materia orgánica adecuada y creando las condiciones idóneas va regresando todo ese gran equipo tan necesario para suelos y plantas.
La calidad del agua y como la tratamos es también muy importante para el buen estado del suelo y nuestras plantas, de eso hablaremos en otro post si lo veis interesante.

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